Case Studies

Nacho un Niño Autista - El Autismo

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Nacho es un niño de 12 años que padece autismo con brotes de violencia, pero esa violencia, ¿es propia de él?, ¿es frustración?, ¿ o simplemente los docentes no hemos sabido canalizarla.

Nacho esta interno en un colegio de E. especial y yo comencé a tener contacto con él desde hace  3 meses cuando fui destinado como educador a dicho centro. La relación con sus compañeros es casi nula, se reduce a decir su nombre en alguna ocasión esperando que estos le contesten, y si no obtiene respuesta a veces responde golpeándolos.

Los fines de semana los pasa con su madre adoptiva que está separada y tiene verdaderos problemas para controlarlo por lo que en ocasiones abusa de la medicación con él.

Con  los educadores mantiene una relación similar a la mantenida con sus compañeros solo que a veces se dirige a nosotros pidiéndonos diferentes cosas para buscar en internet u objetos para jugar. Cuando no entendemos que es lo que nos pide se frustra  y por lo general se auto agrede aunque en ocasiones ha intentado agredirnos a nosotros.

He aquí, bajo mi punto de vista, uno de los principales errores que los docentes solemos cometer. Tras observar su conducta este trimestre he llegado a la conclusión de que en la mayoría de los casos que se auto agrede o agrede a los demás no deberíamos responder con un castigo ya que él simplemente lo hace como frustración por no ser entendido. Yo personalmente cuando llegue al centro  al observar sus respuestas violentas le castigaba sentándolo en un rincón o echándolo de la clase mientras que ahora trato de esforzarme más por comprender lo que intenta expresar, así como tratar que se calme con mucho mejor resultado.

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Posiblemente una fácil solución a este problema de violencia provocada por la frustración de no ser entendido, seria la dotación de nuevos medios como la aplicación “Ablah” con la que autistas de todo el mundo mejoran la comunicación a través de uno pictogramas que al tocarlos emiten la palabra que representan.

Por otro lado los docentes deberíamos saber canalizar esa violencia y ¿qué mejor forma de hacerlo que mediante el juego?

Cierto día estando en el gimnasio mi compañera y yo con Nacho y otros alumnos discapacitados, este comenzó a lanzar una pelota tratando de golpear las luces del techo. En un principio fue castigado a salir de la clase pero pronto volvió diciendo nuestro nombre (su forma de pedir perdón), así que le dejamos entrar de nuevo y en seguida volvió a por la pelota para lanzar a la luz lo que nos hizo darnos cuenta de manera simultánea que simplemente estaba jugando, por lo que decidí acompañarle en el juego quitándole la pelota y poniendo la mano delante para que no lanzara. Nacho en lugar de responder de forma violenta, corría por el gimnasio tratando de escabullirse de mí a la vez que reía, lo estaba pasando bien. Lo mejor de todo fue cuando los demás niños comenzaron también a interaccionar con él quitándole y devolviéndole la pelota; fue una de las escasas ocasiones en que Nacho pudo desarrollar su conducta social.

En conclusión, podemos deducir fácilmente que con mejores y más modernos medios materiales como el “ablah”, o simplemente cambiando como docentes el fácil castigo por más esfuerzo y trabajo así como por tratar de canalizar su energía la vida de niños autistas y conflictivos como Nacho podría mejorar de manera radical sobre todo en el ámbito social.

Daniel Gonzalez Diez

Educador CEPE Fuentesnuevas

daniferral@gmail.com

Acerca del Autismo - Niños Autistas

El Trastorno del Espectro Autista (TEA) es un trastorno neurobiológico del desarrollo que ya se manifiesta durante los tres primeros años de vida y que perdurará a lo largo de todo el ciclo vital.

Los síntomas fundamentales del autismo son dos:
• Deficiencias persistentes en la comunicación y en la interacción social.
• Patrones restrictivos y repetitivos de comportamiento, intereses o actividades.

Los indicios que pueden ser indicativos del TEA en los niños son:
• En el parvulario y en la escuela, hay falta de interés por los otros niños.
• No comparten intereses (no acostumbran a señalar con el dedo aquello que les llama la atención para compartirlo con los demás).
• Ausencia de juego simbólico (dar de comer a muñecas, hacer cocinitas, jugar a coches como si fueran de verdad, etc.).
• Se establece poco contacto visual y no observan la expresión de la cara del interlocutor cuando juntos están viendo alguna cosa inusual. No acostumbran a realizar la sonrisa social.
• Su lenguaje, si existe, es literal (no entienden las bromas, los chistes, los dobles sentidos ni las metáforas).
• Evitan el contacto físico o les gusta más bien poco. Acostumbran a tener hipersensibilidad táctil, olfativa, gustativa y auditiva. Frecuentemente existe poca sensibilidad al dolor.
• Reaccionan poco ante la voz de sus padres, lo que puede hacer sospechar de un déficit auditivo.
• Presentan intereses inusuales. Además, son repetitivos y no compartidos.
• Pueden mostrar comportamientos extraños, repetitivos y auto estimulantes como el balanceo, el movimiento de aleteo de manos o caminar de puntillas entre otros.
• Los que presentan más nivel intelectual, notan que son diferentes y no entienden qué les pasa. Son la pieza del puzle que no sabe acoplarse ni encajar en el tablero social.

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